La dramática historia de Fletcher Christian, primer oficial del navío británico HMS Bounty, es bien conocida a través de las cuatro versiones cinematográficas que se han hecho de ella -la más popular Rebelión a bordo, protagonizada por Marlon Brando-. En 1787, el lugarteniente Wiliam Bligh, que acababa de navegar por los Mares del Sur con el capitán James Cook, recibió el encargo derecorrer el Pacífico para obtener ejemplares del árbol del pan y plantarlos en el Caribe como alimento para los esclavos de las colonias británicas. El 28 de abril de 1789 -año de la Revolución Francesa-, tras una larga estancia en Tahití, zarparon rumbo al Caribe. Durante la travesía, a causa de los malos tratos recibidos, nueve miembros de la tripulación, incluído Christian, se amotinaron y abandonaron al capitán Bligh a la deriva. En un extraordinario periplo, Bligh lograría alcanzar las costas de Inglaterra para iniciar, sin éxito, la persecución de los amotinados. Por su parte, Christian y su tripulación llegaron a Tubai, en las islas australes, y poco después, haciéndose acompañar de 19 polinesios -algunos a la fuerza-, se refugiaron en la pequeña isla de Pitcairn, a más de 5.000 millas de Australia. En 1856, los descendientes del Bounty fueron trasladados a Norfolk, aunque algunas familias no tardaron en regresar a Pitcairn, constituyendo la base de la actual población.
El destino de los amotinados siempre ha despertado un enorme interés; sobre la saga del Bounty se han escrito más de 3.000 artículos y libros y realizado numerosos documentales -a destacar "Island of the Bounty", producido en 1984 por la Royal Geographic Society para la BBC-. En 1841, George Gardner visitó la isla y tuvo ocasión de hablar con la viuda de Christian, conocida por varios nombres: Mi-Mitti ("mareada"), Ma Vatua ("con mareo"), Maua Tua ("espíritu de la montaña"), Isabella (como la esposa de un primo de Christian), y Mainmast (en inglés, "palo mayor"). Mi-Mitti era la hija de un cacique de Tahití; medía casi dos metros y se casó con Christian siguiendo el ritual de su pueblo antes de partir hacia Pitcairn. Gardner la describió como "el retrato más perfecto de una vieja bruja que hayavisto en mi vida. Se mantiene muy activa, y debe andar por los 80 o 90 años." Todavía se acordaba del Capitán Cook. Según cuentan otros visitantes de la isla en aquella época, casi nadie se dirigía a Mi-Mitti, que, al parecer, había tenido un hijo deficiente mental.
A los cinco años de estancia en Pitcairn, todos los hombres, a excepción de cuatro polinesios, dos ingleses, un escocés y un marino nacido en las Indias Occidentales habían fallecido de muerte violenta, como resultado de los celos y las disputas. El guardamarina Edward Young, casado con Teraura, se hizo cargo de la comunidad, emprendiendo la educación de los niños y el servicio religioso. Muerto Young, John Adams -que hablaba con acento cockney- se convirtió en el patriarca de aquella microsociedad, compuesta por 10 mujeres polinesias y 23 niños nacidos en Pitcairn, y siguió la labor educativa y religiosa de Young. No es de extrañar que, cuando la marina británica descubrió en 1814 a los supervivientes de Pitcairn, se vieran sorprendidos por la gran religiosidad de la colonia y la peculiaridad de su lengua -un inglés fluído pero con una gramática deficiente y un curioso acento. Hoy en día se considera el habla de Pitcairn como una reserva de máximo interés para los sociolingüistas, un auténtico laboratorio sobre la formación de un dialecto criollo. La distorsión de la lengua, sometida a largos períodos de confinamiento y a la influencia de las lenguas polinésicas, se puede ver en la nomenclatura, adaptada a la fonética de los habitantes de la isla. Por ejemplo, Faahotu, consorte de Williams, también se llamaba Fasto (de "fast", palabra inglesa que significa ayuno -alimenticio o sexual-); Obuarei, consorte de John Adams, también era conocida como Bal'hadi (en inglés, "bald headed", calvo).
Los asentamientos de Norfolk conllevaron la intervención del gobierno de Australia, bajo cuya bandera fueron puestos los pitcairneses a mediados del siglo XIX. Con el tiempo fueron llegando emigrantes australianos y visitantes y el inglés normalizado comenzó a ejercer una mayor presión sobre el criollo de Norfolk, considerado como "jerga bastarda", aunque sus hablantes trataran de mantenerla viva como símbolo de su identidad histórica, más próxima al inglés británico que al estándar australiano. No obstante, el habla de Norfolk está sufriendo un proceso de descriollización que acabará con su existencia. Mientras tanto, los esfuerzos de los habitantes de Pitcairn por mantener vivo su dialecto facilitan su comparación con los distintos dialectos británicos de los que nació, con la aportación de las lenguas austronesias, ya que se conocen los nombres y procedencias de todos los miembros de la tripulación que desembarcó en la isla hace 200 años: nueve amotinados de habla inglesa, doce mujeres tahitianas, seis hombres originarios de Tahití, Raiata y Tupuai, y una niña de Tahití.
Los habitantes de Pitcairn se dedican a la artesanía, la venta de libros sobre la historia del motín, la emisión de sellos -muy apreciados por los coleccionistas- y la recepción de los escasos turistas, por la lejanía de la isla, que carece de aeródromo y de puerto -el acceso a los buques que se acercan a la costa se realiza en barca desde un muelle-. También publican una revista que, por cinco dólares al año -doce números-, se envía a suscriptores de todo el mundo (su dirección, The Editor, Pitcairn Miscellany, Pitcairn Island, South Pacific -via Nueva Zelanda-).
Los pitcairneses están orgullosos de vivir en la isla más remota del mundo, a 1.000 millas del lugar habitado más próximo, aunque en el fondo ansían la comunicación con el exterior. Hoy es muy fácil ponerse en contacto con ellos por radio todos los martes a las 3:00 PM (Pacific Standard Time) en la frecuencia 14,305KHz.